Entrevista a Andrés Calamaro
Publicado por fernanmurube en 5-Enero-2009
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UNA DEFENSA DEL CECEO
Publicado por fernanmurube en 22-Mayo-2008
Es sabido, desde tiempo inmemorial, que una vez que sale de nuestra comunidad, el andaluz deja de ser una modalidad de habla para convertirse en una especie de “lenguaje del humor” que, en el mejor de los casos, provoca una mosqueante hilaridad entre los contertulios madrileños, catalanes o de cualquier parte del resto de la geografía española.
Pero en esta ocasión mi mirada no apunta más allá de Despeñaperros. Sólo he utilizado el tema, a sabiendas de lo que fastidia por estos lares, para tomarlo como ejemplo extrapolable a un caso mucho más cercano si cabe. Me refiero a la equívoca, nefasta e injusta percepción que se tiene en Sevilla de las personas que cecean. Para parte de los ciudadanos sevillanos los ceceantes no son más que gente cateta, inculta y de una formación académica casi inexistente. Esto, como la gran mayoría de los prejuicios, no tiene una base fundamentada y se sustenta en unos pilares que es hora que caigan por su propio peso. Para comprobar la magnitud del error sólo hay que darse un paseo por las distintas facultades sevillanas y cerciorarse del elevado número de universitarios que cecean y que posteriormente afloran por cargos públicos y privados de gran envergadura.
Si entramos en un análisis más técnico y se compara el seseo que tanto gusta en la capital con el ceceo, nos encontramos con que ambos están considerados como errores fonéticos de la mismísima índole, porque no cabe duda que igual de erróneo es decir “Zevilla” que “Los Palasio”.
El ceceo se da en muchas zonas de Andalucía. Es, sin lugar a dudas, la característica más original y propia del habla andaluz. En casi toda la provincia de Cádiz se cecea; y en la de Huelva; y en la mayoría de la de Málaga; y en amplias extensiones de las de Jaén, Córdoba, Granada y Almería; y la ciudad de Sevilla puede ser considerada como una isla de seseo en un mar de ceceo. El número de hablantes de español que cecean nunca ha sido establecido, cosa curiosa, pero debe de rondar los dos millones y medio de personas. Como ven una cifra que, aunque pequeña en comparación con el mundo hispanohablante, es suficientemente representativa, sobre todo en Andalucía donde vivimos poco más de siete millones de personas.
Como se puede observar he huido de la retranca gallega para acometer de la manera más directa y andaluza posible la intención de este escrito; que no es otro que demostrar que el seseo y el ceceo son ramas de un mismo árbol y que cualquier vacile que incite a la sumisión y que procure segar por su raíz cualquier asomo de disidencia fonética está sólo al alcance de mentalidades arcaicas encerradas en la mayoría de los casos, curiosamente, en cuerpos bisoños.
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ESOS PELIGROSOS VÁSTAGOS
Publicado por fernanmurube en 21-Mayo-2008
La mediocridad lleva tiempo campando a sus anchas por nuestra sociedad, y la vulgaridad y la insipidez van tomando posesión en los distintos ámbitos del quehacer cotidiano de una forma pasmosa. Estos vástagos de la imbecilidad están presentes en todas partes, desde la política, a la televisión pasando por los centros educativos. Pero no es mi intención envilecer ni vilipendiar a nada ni a nadie. Mi idea es dejar patente mi desánimo para con la Fiesta Nacional, los toros, más concretamente con la feria de abril de Sevilla. Si la Maestranza hablara, sí, ese monumento taurino al que todos adulan pero del que nadie tiene en cuenta su profunda raigambre y su rancio abolengo, seguro que impostaría su enfado y su tristeza tras sufrir año tras año el ultraje de su vetusta reputación y comprobar en lo que están dejando que se conviertan sus plateas por el mes de abril.
Tradicionalmente el coso sevillano ha sido temido a la vez que deseado por los toreros más importantes debido a la exigencia que el público maestrante ha mostrado a la hora de premiar con algún apéndice las faenas, pero también sabedores del altísimo grado de conocimiento que poseían quienes ocupaban los tendidos. Este hecho ha servido para dar muchísimo prestigio a la plaza en sí, hasta el punto de ser considerada junto con Las Ventas de Madrid en el coso más ilustres del mundo, y a los que logran pasar a hombros la hasta hace poco casi inexpugnable Puerta del Príncipe. Pero en los últimos años, el ciclo abrileño se ha visto dominado por los vástagos mencionados anteriormente, que toman cuerpo en los oropeles y los guiris de turno. Las gradas ya no están ocupadas mayoritariamente por doctos de la tauromaquia y una minoría de curiosos y famosos dispuestos a disfrutar de tan bello espectáculo como antaño. Ahora, el reparto es más equitativo, es decir, existe paridad (palabra tan en voga) entre los entendidos en la materia dispuestos a disfrutar y saborear toda la liturgia, y los que van a “disfrutar” de una tarde de toros (sin tener ni idea de los arcanos entresijos que en el ruedo se cuecen) simplemente porque el jefe le ha invitado; o porque es guiri y quiere ver in situ eso del “olé toro”; o porque si quiere salir en el extinto “tomate” o el sucedáneo de turno, es condición sine qua non posar bien maqueado por los aledaños de la Maestranza en los prolegómenos del festejo. Los del segundo bando cada vez toman más fuerza en el veredicto final a la hora de dar o quitar méritos al espada en su proceder por los tres tercios que componen el arte de Cúchares, y en ocasiones es ciertamente sonrrojante la excesiva facilidad con que los pañuelos afloran por los tendidos, acabando por enconar a los fieles que religiosamente sacan sus abonos año tras año al comprobar que el presidente otorga, en un claro ejercicio de prevaricación, orejas sin ton ni son ante el bullicio de la plebe. Todo esto desemboca en un injusto premio al toreo ventajista y superfluo, que no es sino la extrapolación a la tauromaquia de la mediocridad, la vulgaridad y la insipidez. Este hecho supone la espada de Damocles a la que se enfrenta año sí y año también la célebre Feria de Abril, que de seguir así perderá la solera, la entidad y la categoría que siempre la ha distinguido. Para los verdaderos aficionados siempre quedará como bálsamo la menos glamourosa pero más auténtica Feria de San Miguel.
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LA PAJA EN EL OJO AJENO
Publicado por fernanmurube en 15-Mayo-2008
Vaya por delante mi máxima admiración y respeto por un profesional que lleva varias décadas dignificando a esta bendita profesión. Hablo de Jesús Quintero, un periodista de los pies a la cabeza, multipremiado hasta la saciedad y respetado como pocos por colegas de profesión y seguidores, entre los que me incluyo. Por esto último, por gozar de la alta estima de quienes comparten su oficio, ningún articulista de este país parece atreverse a verter alguna opinión crítica sobre su trabajo en los últimos meses al frente de Los Ratones Coloraos.
Como he dicho, soy fiel seguidor de este excéntrico, idealista y apasionado periodista onubense que desde los años ochenta encandila a propios y extraños con su manera de entrevistar y sus famosos silencios. Desde El perro verde, pasando por El Vagamundo y Los Ratones Coloraos y hasta sus últimos años en TVE con El Loco de la Colina y La noche de Quintero, Jesús siempre ha destacado por el cuidado método de entrevistar, por el ambiente intimista que crea y, por supuesto, por la calidad de los entrevistados.
El loco siempre ha seleccionado sus invitados con mucha intención y esmero. Sólo había dos vías a seguir a la hora de elegir a un personaje. O era un personaje de cierto caché y enjundia de cualquier ámbito de la sociedad (artista, filósofo, político, etc), o era un personaje singular, original, auténtico de la calle, a veces anónimo, que nos hiciera reflexionar o pasar un buen rato. De los primeros, el elenco es bastante largo: Fernando Arrabal, Borges, Antonio Banderas, Julio Iglesias, Antonio Gala, Felipe González, Rocío Jurado, Sabina, Sánchez Dragó, Jodorowsky y un largo etcétera que han contribuido a hacer del diálogo un manjar al nivel de los paladares más exigentes.
De los segundos, la lista, a su manera, no le va a la zaga a la anterior: Paco Gandía, Beni de Cádiz, Silvio, Diego Pantoja, Juan Luís de Tarifa, La Esmeralda, Risitas, Pollito de California, Antonio Reguera y un sinfín de personajes que con sus testimonios han hecho pasar a los telespectadores unos momentos divertidos y de risa desbordada.
A través de sus programas, Quintero siempre ha vivido con el firme propósito de construir una sociedad mejor desde su rincón andaluz, anhelando recuperar el poder de la palabra para combatir la vulgaridad que, a su juicio, se impone en televisión e intentando luchar contra la telebasura lanzando fuertes críticas sobre los marcianos y los tomates, a los que acusa de “fabricar” famosos para su posterior destrucción.
En los últimos tiempos, parece ser que esa cruzada personal contra la telebasura ha bajado en intensidad, e incluso, un servidor, que lo consideraba el estandarte de esta noble causa, empieza a pensar que el enemigo está en casa. Y digo esto porque son muchas las decepciones que martes tras martes me llevo al comprobar que, lo que hasta hace un año era una apuesta segura por conseguir pasar un rato ameno disfrutando de diálogos inteligentes y de buen humor, hoy día se ha convertido en una auténtica quimera, para pasar a ser lugar de encuentro de personajillos que no aportan absolutamente nada, en el que abundan las conversaciones inanes carentes de interés.
Antes mencionaba las dos vías que había para poder optar al asiento de entrevistado de Jesús Quintero. Ahora el acceso a este sillón a tomado otras directrices: o eres un famoso oropel de tres al cuarto venido a menos, o sales en Canal Sur, ya sea de concursante de Se llama copla, de actriz de Arrayán o sucedáneo, o de presentador de algún programa de la cadena. A los del primer bando pertenecen los Pipi Estrada, Martín Pareja Obregón, Coto Matamoros, Jimmy Jiménez Arnau, Andrés Pajares y Ortega Cano. A los del segundo corresponden Joana, Eva Pedraza, Manu Sánchez, Erika, Rosa y Gema.
En definitiva, y como se puede observar, donde antes rezumaba calidad, inteligencia y trabajo bien hecho ahora se desprende un tufo a tomate podrido que echa para atrás, y quien antes cruzaba contra la mediocridad ahora parece que se alía con ella, haciendo bueno el refrán de si no puedes con tu enemigo únete a él. Pero claro, todo esto me cuadra aún menos escuchando sus reflexiones, que siguen como si nada cargando contra los programas basura cuando previamente se ha entrevistado a un personaje tan deleznable como Pipi Estrada al que se le interpela sobre sus secretos de alcoba con una reputada actriz porno.
Todo esto me hace pensar que su carácter altivo sólo le deja ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Bien haría el loco en volver a la colina, retirarse del mundanal ruido y volver a reclutar perros verdes (porque lo que son los últimos ratones, le han salido ranas), que sin duda tanta “cordura” le está minando la inteligencia y el talento, y es capaz de volverlo loco de verdad.
Lo que he escrito no tiene la intención de cavar la tumba profesional de uno de los mejores periodistas que ha dado este país, sino todo lo contrario, reverdecer su viejo espíritu de lobo estepario capaz de reinar en las noches andaluzas con lucidez y clase. Como el padre que se enfada con su hijo sabedor de que éste puede sacar mejores notas, yo desde estas líneas exijo a mi admirado Jesús Quintero, aunque en mi caso y dada la diferencia de edad es el hijo el que exije al padre, que se apriete bien los machos y nos regale noches inolvidables en la pequeña pantalla.
FERNANDO RODRÍGUEZ MURUBE
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